domingo, 3 de abril de 2016

Por la autopista anaranjada, de Humberto Mata





para Silvio Arta

Cuando el hombre llegó al pueblo triangular ya el cabello rozaba sus hombros y el silencio era su lenguaje. Apareció una tarde de nubes que tenían el color del plomo, alguien dijo, y caminó por la plaza central, a los lados del árbol multiforme, con la cabeza como si contara los pequeños pozos y las manos blancas, delicadas, ocultas en los bolsillos del pantalón único, abombado, con pliegues al lado de la relojera. Contestó, temeroso, un saludo indiscreto, con un movimiento inconcluso desde el cuello hasta los ojos hundidos y la cara lampiña que alguna vez fue suave y ahora arrastraba las manchas producidas por el sol, los pliegues de una vejez sin edad, de un tiempo indeciso, flotante, y "luego se alejó, por la calle adyacente, hasta perderse en la oscuridad brumosa del atardecer con lluvia. Una música de voces y cuerdas llenó la plaza, los asientos rectangulares, la estatua.

All the lonely people,
where do they all come from?

La señora de la esquina rosada, la que vende alfileres y botones morados y de todos colores, menos azul eléctrico por estética, por dignidad, por recuerdo, lo vio pasar sudoroso, maloliente, repugnante, con el cabello pegajoso que le caía sobre los hombros redondos, la espalda curva y la camisa de cuadros, con mangas hasta las muñecas, que dejaba desnudas unas manos delgadas, huesudas, blancas, de dedos largos que recorrían la melena sucia, brillante en la oscuridad próxima, en el declinar de la tarde uniforme. Ella lo vio desaparecer hacia los sitios mágicos del pueblo, detrás de las últimas calles de barro, silencioso, distante, empapado, mientras se acodaba sobre el concreto saliente de la ventana herrumbrosa, desgastada, de la tienda de quincalla.

Waits at the window, wearing the Cace that she keeps in a jar by the door, who is it for?

Después (algunos opinan desde siempre) la presencia del hombre se transformó en algo normal, repulsivo por el olor a orina pero normal cotidiano: quizás hasta necesario en un pueblo que vive de recuerdos y conmemora batallas. Entonces lo veíamos: en un asiento de la plaza, en los juegos de pelota, en las reuniones nocturnas. Lo observábamos, con indiferencia, con respeto oculto, cuando se sentaba, con su interminable olor a orina, cabizbajo, siempre empapado, con los ojos castaños extrañamente impasibles, casi tan suaves como sus manos sin callos, algunas veces en los asientos rectangulares bajo una lluvia lenta y persistente que le record.aba a la mujer de la esquina rosada (que luego murió por fastidio, ahorcada), la tarde que lo vio pasar descalzo y dirigirse hacia el cementerio y volver el otro día y todos los días desde entonces hasta llegar al banco, enfrente de la estatua, y esperar con los ojos hundidos, silencioso, solitario.

no one come near

Así, en una espera indescriptible, pasaron los años del hombre lampiño, extremadamente delicado, hasta que una mañana, blanca por la niebla blanca, el mismo día que, horas más tarde, en el crepúsculo, descolgaron a la mujer de la quincalla, lo encontraron en la acera de la esquina rosada, temblando sobre el suelo, con los ojos más ausentes que nunca y las facciones rígidas. Alguien, que ahora nadie recuerda pero todos conocen, después de observar al hombre largamente, con curiosidad inusitada, como si acabara de descubrir algo, lo llevó, en un ocho cilindros, por la autopista anaranjada, hasta la ciudad, el hospital blanco, los olores a formol y éter, las caras pálidas siempre esperando. Allí, en la sala rectangular, bajo dos mil voltios convertidos en luz, despojaron al hombre de la camisa de cuadros y el pantalón abombado, y observaron dos senos que caían, como pequeñas gotas en un vidrio vertical, y un sexo receptor, marchito como todo el cuerpo que otra vez esperaba, la espalda sobre la fría camilla, con los ojos hundidos y las manos colgantes hacia el suelo, con un silencio más allá de todo silencio y las uñas largas llenas de tierra. Y no sé por qué en ese momento, al lado de la mujer tendida, recordé una película, un carruaje por una montaña que amanece y unas caras blancas, falsas, de magos y espías.


Publicado en Pieles de leopardo (1978). Monte Ávila Editores, Caracas.

viernes, 18 de marzo de 2016

La fiesta


de David Alizo
publicado en Griterío (1968)



ESTA TARDE, después del colegio, me encontré con Mercedes. Me ha dicho que los muchachos de la esquina caliente están preparando una fiesta en su casa, para el sábado próximo. Me dijo que Juancho anda recogiendo cinco bolos por cabeza para comprar las bebidas y pastelitos (los de Herminia, la de la Avenida Páez, son los mejores) y frutas para hacer una tisana, además de un poco de otras cosas que sean necesarias para la fiesta del sábado próximo. Mercedes anda como loca, para arriba y para abajo, avisándole a todo el mundo; pero si Juancho no cobra los cinco bolívares, la fiesta no va a resultar.
            Yo le pedí a Mercedes que me enseñara la lista de los invitados, no porque me interese
saber quiénes van y quiénes no van, sino porque quiero ver si las “toritas” están en la lista, Marujita especialmente porque la Elsa es como fofa (inconsistente), en cambio Marujita… No es que yo tenga algo en especial contra la Elsa, pero es que siempre es tan asomada, hablando de su papá, de las Selecciones del Reader’s Digest, de ella cuando estaba pequeña que decía perióquido y piscología y otras cosas parecidas a perióquido y piscología. Además, Gustavo Julio me dijo que el domingo pasado había ido por su casa y ella y que le dijo que no podía hablar con él porque estaba oyendo las carreras de caballos con su papá, el señor Toro (también oye los juegos de baseball y el boxeo y la lucha libre cuando la trasmiten por radio), porque el señor Toro siempre anda con el papel del 5 y 6 en la mano, toda la semana, y los sábados cuando uno sale del cine o de una fiesta el señor Toro está pegado a la casilla donde sellan los cuadros, oyendo los últimos datos de última hora, de último momento, porque le parece que si no espera hasta el último momento no va a ganar. Pero yo nunca he oído que el señor Toro ganara alguna vez. Tío Arnoldo  –que es un loco– dice que el 5 y 6 pone ciega a la gente y la vuelve bruta para toda su vida y es en lo único que está de acuerdo con papá o papá con él, porque yo oí que una vez le dijo a mamá que eso era una estupidez y tío Arnoldo agregó algo como alineados (no exactamente alineados; él dijo: solo juegan los alienados).
            Mercedes me dijo que no cargaba la lista.
            —Pedíselá a Juancho —ha dicho, y me dejó porque andaba apurada con no sé qué lío de una torta y su hermano.
            Yo salí disparado inmediatamente para la esquina caliente. Luis estaba con Gustavo Julio y con El Perico y con Elio. Eran las cinco de la tarde.
            —Vi a Mercedes —dije por decir algo o por decir algo para ver qué me contestaban. Pero se me acercó Luis ronroneando como un gato bravo.
            —Dejá los chistecitos —me dijo, y se me acercó, creo, no con muy buenas intenciones—. La Ramírez es asunto mío.
            Elio me miró y dio un paso hacia nosotros y comenzó a contamos lo del hermano de Mercedes con la torta de cumpleaños, y aunque la cosa es para reírse no deja de ser lamentable, porque si la mamá de Mercedes se enfurece creo que no habrá fiesta, por lo menos este sábado. Elio dijo que a Mercedes le había encargado su mamá ir a buscar una torta donde las señoritas reposteras que viven al lado del Edificio Suerte, donde está la farmacia del papá de Esteban; pero como ella anda como loca con la fiesta del sábado próximo, para arriba y para abajo, avisándole a todo el mundo, como para simplificarle el trabajo a Juancho (o no para simplificarle el trabajo porque alguien tiene que avisarle a las muchachas e invitarlas como debe ser), mandó al hermano y el hermano (menor) fue a la casa de las señoritas reposteras y buscó la torta y se regresó inmediatamente en dirección de su casa, como le había dicho Mercedes que hiciera y por eso le iba a dar un real o un real y medio; pero el hermano (¿cómo se llama? ¡Bueno!) se detuvo en la Iglesia para ver un entierro –¡con la torta en la mano!– y cuando el cura terminó siguió con la gente del entierro hasta el cementerio, y una vieja que lo vio llamó a su casa por teléfono y le dijo que (Simón se llama) Simón andaba con una torta en un entierro, o que andaba en un entierro con una torta y que por eso la llamaba para que supiera. Entonces la mamá de Mercedes pasó hecha una fiera por la esquina caliente y le preguntó a Gustavo Julio (ella quiere mucho a Gustavo Julio) por Mercedes y él le dijo que no sabía dónde estaba aunque sí sabía porque él le pidió que fuera a la casa de las “toritas” y las invitara a la fiesta, y la mamá le contó lo que le había dicho la vieja cotorra y lo que ella suponía de todo el asunto del hermano (menor) para que fuera a buscar la torta a la casa de las señoritas reposteras; también le dijo que quién se iba a comer una torta que había andado en un entierro, contaminada –es posible– con la probable tuberculosis del muerto.
            —¡Pronto una infección! —comentó El Perico, muy serio, por encima del hombro de
Elio. ¿Por qué no?
            —Y por qué tiene que ser tuberculosis —dice Gustavo Julio. A lo mejor se murió de un remordimiento y ahora dicen que es tuberculosis, ¿por qué?
            —Casi siempre es tuberculosis —ha dicho El Perico, asomándose otra vez por encima del hombro de Elio—. Esa gente se muerte así.
            —¿Cuál gente? -pregunto yo.
            —Sí, es verdad —Elio ahora—, no sé por qué, pero siempre se mueren así, de tuberculosis o algo parecido.
            —¿Quiénes son los que se mueren? —insisto.
            —¿Cuál catarro? —dice El Perico—. Mirá Elio, este dice que fue un catarro.
            Llegó Juancho muy agitado con el cuento del hermano de Mercedes; que la mamá ha
bañado en alcohol a Simón y ha tirado la torta en el pote de basura. También nos dijo que Mercedes contó en casa de las “toritas” lo que pasó y que el señor Toro les ha prohibido ir a la fiesta.


lunes, 14 de marzo de 2016

El episodio del nostágico

de José Antonio Ramos Sucre




Siento, asomado a la ventana, la imagen asidua de la patria.
La nieve esmalta la ciudad extranjera.
La luna prende un fanal en el tope de cada torre.
Las aves procelarias descansan del océano, vestidas de edredón.
Protejo, desde ayer, a la huérfana del caballero taciturno, de origen ignorado.
Refiere sobresaltos y peligros, fugas improvisas sobre caballos asustados y en barcos náufragos. Añade observaciones singulares, indicio de una inteligencia acelerada por la calamidad.
Duda si era su padre el caballero difunto.
Nunca lo vio sonreír.
Sacaba, a veces, un medallón vacío.
Miraba ansiosamente el reloj de hechura antigua, de campanada puntual.
Nadie consigue entender el mecanismo.
He espantado, de su seno, las mariposas negras del presagio.


lunes, 7 de marzo de 2016

Ah rigor

de Ramón Palomares 
 
 
a Luis García Morales 
 

No pues no vaya a creer Y cómo no me voy a acordar
Tanta noche con luna! Tanta guitarra! Y las ventanas perfumadas 
y vos llena de lirios Y los lirios en un decir
                                      Amor!"
Todos los árboles de la plaza Los bancos de la plaza La iglesia 
los caminos
                El pozo Albor... 
Oíme Oíme
Yo siempre estoy pendiente:
                —Dónde estará Qué estará haciendo Se acordará de todo?
                ¡Ah rigor!
 
  

(Adiós Escuque, 1968-1974) 




viernes, 26 de febrero de 2016

La bestia

de Arturo Uslar Pietri






                        ...Tracatrán... Tracatrán... Tracatrán...
            Aquel ruido adormecía, acunaba. Se perdía la noción de ir sobre los rieles a una velocidad exagerada. La noche vista por el ventanillo era una e inamoble. Era como estar suspendido en el aire.
            ...Tracatrán... Tracatrán... Tracatrán...
Federico Sumercé iba adormecido en la butaca. Llevaba ocho meses de trotamundos y la indigestión de los paisajes le había causado una modorra espiritual.
            De pronto un gran baño de luz y un pito estridente.
            Se incorporó. Había llegado.
            El andén estaba lleno de gente, esa gente impersonal que parece destinada solo a completar muchedumbres. Paseó una mirada desesperada por todo aquello, una mirada que era un bostezo de los ojos. Nada interesante, nada que hiciese sostener los músculos en su trabajo de posición vertical.
            Pero allí, sostenido en un pilar, había algo que sí lo sacudió.
            Era un cartel de colores definitivos: rojo, negro, amarillo; en la parte superior un soldado empuñaba un fusil prolongado de bayoneta, en una actitud bélica bastante fácil; debajo, en grandes letras, decía: «Alístese en la Legión Extranjera. Es tal vez la única oportunidad que se le presente en su vida de realizar sus sueños de gloria y heroísmo. Acuda al jefe de movilización».
            Mientras los mozos descargaban su equipaje se le había ido grabando en el cerebro el letrero. Después, dentro del coche, rumbo al hotel, iba rumiando aquello.
            Era, indudablemente, cosa de estúpidos dejarse sugestionar por aquel cartelito. Dejarse matar por una patria, por una idea, por unos móviles que no eran suyos ni le interesaban siquiera. Ocupar el puesto de los que debiendo ir no iban. ¡Absurdo! ¡Absurdo!
            Sin embargo, al entrar al hospedaje no pudo resistir; al primero que topó le soltó a quemarropa:
            —Tenga la bondad de decirme, ¿hay muchos en la Legión Extranjera?
            —Más o menos mil, señor.
            Se fue riendo. Mil bienaventurados, mil hombres-niños, que todavía jugaban a los muñecos: el muñeco del honor, el muñeco de la civilización, el muñeco de la justicia. No obstante se sobresaltó. ¿Por qué tanto interés?, ¿para qué ocuparse tanto de aquello que sabía que no lo afectaba en nada? ¿De aquello que él comprendía imposible, grotesco, idiota?
            Desechó la idea, la corrió de la bóveda del cráneo. Al fin se iba, se fue, ¡qué tranquilidad!
            Encendió un cigarrillo por hacer algo.
            Al arrojar la cerilla, la mano se le movió con un movimiento raro, reflejo, rebelde.
            Se le había movido la mano; él no había hecho nada para moverla, había sido aquella mano sola, sola, ¡sola!...
            ¿Acaso no gobernaba sus músculos? ¿Por qué, pues, aquella anomalía?
            Se inquietó. Quizá no tenía todo el dominio de sus fuerzas.
            La fantasía se le desbordó como un oleaje.  ¡Horrible! ¡Horrible! Aquella mano se había movido sola, también podría hacer lo mismo el brazo, y el tórax, y la cabeza, y las extremidades. Podrían ponerlo en marcha, y hasta, acaso, llevarle a poner su nombre en aquel prólogo de tragedia que anunciaba el cartel pintarrajeado.     
            Todos los estúpidos resortes que gobernaban su mecanismo podrían… podrían… pero no, era únicamente exceso de imaginación. Él tenía el dominio, era el jefe de todos ellos, mandaba y le obedecían.
            Quiso ensayar:
            —A ver. ¿Queréis llevarme a alistar? Pues bien, no quiero... no... no...
            A pesar de todo le pareció que se había movido. ¿Sería posible?
            Comenzó entonces a rugir:
            —¡No! ¡No! ¡¡Noooo!! ¡¡Nooooo!!
            Y conforme se excitaba creyó ver que era mayor la actividad de insurrección de todo su organismo.
            Aquellos músculos lo empujaban, lo retenían, lo llevaban maniatado de ligaduras. Se debatió para arrojar aquel monstruo que le oprimía, le ahogaba, le iba apagando la última palpitación, debía ser igual la sensación de los buzos apresados, los pulpos, estaba extenuado. Ya no podía luchar.
            Sentía que su voz interior se le iba apagando.
            —Nooo... Noo... No... N...
            Llegó a ser imperceptible, había que esforzarse por sentirla, ya era solo el eco de ella lo que sonaba en e1 tímpano, era como el canto de un grillo perdido en una lejanía larga...
            —La imaginación comenzó a poblarle el espíritu de imágenes desusadas. Sobre un mar de menta un barco ostentaba todo el velamen extendido. El barco estaba inmóvil como si hubiese encallado en lo profundo. Pero empezó a llegar el viento y a palmotearle en las velas, y un cabeceo pesado le tomó todo el casco. Pero la nave no quería moverse, la nave no, bien lo
comprendía, quien no quería moverse era él, pero en aquel maldito velamen, que se aplanaba vertical sobre su lomo hueco de madera, el viento hacía fuerza con su cabeza poderosa. ¡Ah! La fuerza terrible del viento.
            Después le pareció un manchón confuso, vibrante, indefinible, una especie de nube polícroma que venía agigantándose como desde el hueco de una vorágine y ascendía sobre él con una rapidez espantosa, llególe a los ojos y se le metió en la comba de las pupilas y ya allí dentro, como bailando una zarabanda loca, aparecieron unas letras, unas letras fatales que decían: «La legión extranjera».
            Se borró repentinamente todo y quedó sumido en un vacío blanco, de ese blanco impreciso que queda cuando se apagan todos los colores. Solo en los oídos le lamía persistente un silbido opaco, lento.
            Empezó a ver calles oscuras, en las que la luz de los faroles era como una moneda sucia en una mano negra.
            Pasaban las calles, comenzaban las calles, muchas gentes venían a tropezar en sus hombros con un sonido sin eco.
            Súbitamente se le encimó una puerta grande, una puerta ardiente en luces, y como incrustadas en el marco de ella dos figuras vivas, dos figuras que eran las mismas del cartel del
andén.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Comunicado


​




        
        
         Quien suscribe, en calidad de Presidente del III Congreso Crítico de Narrativa Venezolana, cumple con el deber de informar la decisión tomada por el Comité Organizador, la cual consiste en posponer la celebración del evento en virtud de la crisis que vive el país en todos sus órdenes. Una situación a todas luces desfavorable que si bien no ha logrado quebrar nuestro optimismo, hoy nos impide continuar con la producción que iniciamos en octubre del año pasado para analizar el estado actual de la narrativa nacional y celebrar la trayectoria de nuestra novelista Ana Teresa Torres.
         No fue fácil tomar la decisión y la postergamos hasta el punto en el que tuvimos que reconocer, desde la inconformidad, que esta realidad nos supera a todos. Por lo tanto consideramos que de empeñarnos en nadar contra la corriente nos estaríamos arriesgando  a montar un congreso fantasma: con ponencias pero sin ponentes, dadas las distintas dificultades que enfrentarían los posibles asistentes, como ya lo han manifestado desde varias universidades del país.
        
        
         El origen político de los vientos adversos que nos azotan se expresa en la presión económica bajo las siguientes razones:

● La inflación calculada en 151,8% para el cierre de 2015 repercute en el precio de los pasajes  y en el costo de hospedaje. De hecho hay mucha reserva e incertidumbre en las líneas aéreas y ningún hotel de la isla mantiene sus  tarifas ni ofrece presupuestos por más de una semana.

● El incremento promedio de los precios alcanzó 179,5% en los últimos 12 meses produciendo una irracional distorsión en la relación precio-valor, con la cual se acentúa el caos social.

● A intramuros se tiene un déficit presupuestario que no permite cubrir los recursos y servicios básicos, razón que condujo al Consejo de la Facultad de Humanidades y Educación de nuestra universidad a declararse en emergencia académico-administrativa. Estas pésimas condiciones laborales, además de impedir el comienzo de actividades, influyen negativamente en el  financiamiento necesario para poder participar en un evento de cualquier naturaleza.

● Por razones como la anterior según Fapuv hay doce universidades públicas negadas al reinicio de clases: un modo pacífico de enfrentar la campaña oficial de exterminio contra las casas de estudio que no aceptan el pensamiento único ni la falsedad de un poder que, tras la máscara del Socialismo del Siglo XXI, devaluó la utopía al defraudar la ilusión popular, el mismo poder que sin la máscara trata de convertir al país en una interminable cola de mendigos.

        
         En estas circunstancias lo mejor es esperar, esperar activamente. De momento me despido hasta nuevo aviso, no sin antes agradecer el entusiasmo de los investigadores, profesores y estudiantes del área.

         En Caracas a los seis días del mes de octubre de dos mil quince.


Ángel Gustavo Infante
Presidente del III Congreso Crítico de Narrativa Venezolana
Contra el olvido
Director del Instituto de Investigaciones Literarias de la Universidad Central de Venezuela
​




lunes, 10 de agosto de 2015

Tercera circular







Sede: Programa Nueva Esparta, Universidad Central de Venezuela

TERCERA CIRCULAR
PRÓRROGA PARA CONSIGNAR RESUMEN HASTA EL 15 DE SEPTIEMBRE



 
Pese a las difíciles circunstancias que atraviesa el país, y en especial el sector universitario, seguimos adelante con la organización del III CONGRESO CRÍTICO DE NARRATIVA VENEZOLANA, en el cual se le rendirá tributo a nuestra apreciada novelista Ana Teresa Torres. En esta oportunidad les recordamos que el evento tiene por finalidad reunir a diversos especialistas del área de la crítica y de la investigación para debatir sobre las diferentes modalidades del cuento, la novela y otros géneros narrativos del país.


EVENTOS PRINCIPALES

Conferencia central: Inés Quintero

Presentación de la obra de Ana Teresa Torres: Antonio López Ortega
 



PARTICIPACIÓN

Los resúmenes de las ponencias se enviarán para su arbitraje hasta el 15 de septiembre de 2015  a la dirección electrónica investigaciones.literarias@gmail.com. Indicar en asunto: III Congreso Crítico de Narrativa Venezolana.

El resumen debe incluir: a) Título del trabajo, b) exposición del tema en no más de doscientas cincuenta palabras (250), c) cuatro palabras clave, d) nombre y filiación institucional del ponente, e) dirección de correo electrónico.

Una vez aceptada su propuesta, se le enviarán instrucciones para que efectúe la inscripción en la página del Congreso.


EL CONGRESO SE DESARROLLARÁ SOBRE LA BASE DE LOS SIGUIENTES EJES TEMÁTICOS:

1.       Análisis del discurso
2.      Del mestizaje cultural al multiculturalismo
3.      Géneros emergentes y nuevos formatos (blogs, twitter, webs)
4.      La obra de Ana Teresa Torres
5.      La tradición moderna
6.      Literatura comparada
7.      Marcas del Caribe
8.      Narrativas regionales
9.      Políticas culturales (edición, promoción, mercado)
10.   Publicaciones periódicas
11.    Re-lecturas: figuras, autores, movimientos
12.   Teoría y crítica


      
ARANCELES
Una vez aceptada la propuesta de ponencia deberá formalizarse la inscripción abonando (hasta el 30 de septiembre), el precio correspondiente según las siguientes indicaciones:

Ponentes:                                  Bs. 2500,00
Asistentes:                                Bs. 2000,00
Estudiantes con ponencias:  Bs. 1500,00
Estudiantes asistentes:          Bs. 1000,00

Después de esta fecha las inscripciones tendrán un incremento del 10% por razones operativas.



Una vez aceptado su trabajo proceda a llenar la planilla siguiente haciendo clic en el botón:

​​http://www.emailmeform.com/builder/form/8rWbod1x9Ac03



PASAJES Y HOSPEDAJE
 

En virtud de las circunstancias adversas que atraviesa el país, sugerimos a los participantes tomar las debidas previsiones en relación con la compra de sus boletos aéreos o marítimos.

Hospedajes

**Todas las tarifas están sujetas a cambio sin previo aviso
Para disfrutar de las tarifas corporativas debe indicar la relación con el III Congreso Crítico de Narrativa venezolana y el siguiente número
 HOTEL PLAZA ROYAL MARGARITA
El hotel se ubica en Porlamar, a tan solo 20 metros de la Av. 4 de Mayo, a pocos pasos de la Av. Santiago Mariño. Telf.: (0295) 872.97.65/ (0295) 261.66.66/ (0295) 261.65.22   Fax: (0295) 261.69.55

Tipo
Tarifa x noche
Dobles y Matrimonial
2125
Triples
2635
  

HOTEL PUERTA DEL SOL

El hotel se encuentra en la calle Los Pinos entre avenida 4 de Mayo y Avenida Rómulo Betancourt, Porlamar. La tarifa corporativa es un 15% sobre la publicada. (Desayuno cortesía del hotel). Teléfonos: (0295) 263.59.02/ 264.54.75/ 264.44.21

Capacidad por habitación
Tipo de habitación
Tarifa (14/09/15 a 17/12/15)
Sencilla
Standard
5.700,00
Superior
7.700,00
Doble
Standard
5.900,00
Superior
7.900,00
Triple
Standard
6.100,00
Superior
8.100,00
Cuádruple
Standard
6.300,00
Superior
8.300,00
Junior suite (2 personas)
Superior
8.300,00
Suite (6 personas)
Superior
18.000,00

HOTEL BELLA VISTA

El hotel está ubicado al final de la Av. Santiago Mariño cruce con calle Igualdad, Edificio Hotel Bella Vista, Urbanización Bella Vista, Porlamar. Teléfonos: (0295) 261.72.22 / (0295) 261.41.57

Tipo de Habitación
SGL o DBL
TPL
Vista Ciudad
9.739,00
13.371,00
Vista Piscina
12.333,00
15.765,00
Vista Balcón
12.936,00
16.368,00


MARBELLAMAR HOTEL & RESORT

Este hotel tiene convenio con la sede del programa Nueva Esparta para trabajadores de la UCV, si desea obtener el beneficio debe comunicarse con la Licenciada Patricia Maíta o Karen González en Nueva Esparta mencionando que participará en el III Congreso Crítico de Narrativa Venezolana. Teléfono: (0295) 263.50.37


INFORMACIÓN
            Instituto de Investigaciones Literarias, UCV
            Teléfono: 0212 605 0482
            Telefax: 0212 693 05 65

COMITÉ ORGANIZADOR


Octavio Acosta
Antonietta Alario

Ana García Julio
Ángel Gustavo Infante
María del Rosario Jiménez
Vicente Lecuna
María Eugenia Martínez P.
Mario Morenza
Yafi Nose
Maritza Pimentel
Rebeca Pineda Burgos
María del Pilar Puig
Mayra Salazar González
Carlos Sandoval



PATROCINANTES

Vicerrectorado Académico (UCV), Dirección de Cultura (UCV), Gerencia de Información y Conocimiento (UCV), Comisión de Estudios de Postgrado FHE-UCV, Fundación UCV, Dicori (UCV).