jueves, 15 de mayo de 2014

Directores





Directores

Los Directores del Instituto en orden cronológico han sido los siguientes:

 

José Fabbiani Ruiz

Licenciado en Letras. Doctor en Letras. Profesor Titular, UCV. Primer Decano electo de la Facultad de Humanidades y Educación, Novelista. Ensayista. Crítico literario. Antólogo. Fue el primer director del Centro de Estudios Literarios de la Facultad de Humanidades y Educación UCV, organismo creado en el año 1962, que posteriormente pasó a ser Instituto de Investigaciones Literarias, conversión que se realizó en 1974.

Gustavo Luis Carrera

Licenciado en Letras y Doctor en Letras, UCV. Rector (dos veces) de la Universidad Nacional Abierta. Profesor Titular UCV. Profesor de Planta de los Cursos de Maestría de la Facultad de Humanidades y Educación UCV. Novelista. Cuentista. Ensayista. Bibliógrafo. Folclorista. Crítico Literario. Antólogo. Fue el primer director del Instituto de Investigaciones Literarias UCV, cumplió su labor en el período comprendido entre los años 1974-1978.

Osvaldo Larrazábal Henríquez

Licenciado en Letras y Doctor en Letras, UCV. Profesor Titular, UCV. Profesor de la Maestría de la Facultad de Humanidades y Educación UCV. Profesor Honorario del Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres”, de la Universidad de Los Andes. Profesor Invitado de la Universidad Wilhem Piek, de Rostock, República Democrática Alemana. Historiador de la Literatura Venezolana. Ensayista. Bibliógrafo. Crítico literario. Cumplió su labor en el período comprendido entre los años 1978 y 1986.

Enrique Izaguirre

Abogado. Profesor Asociado de la Universidad Central de Venezuela. Cuentista. Crítico literario y teatral. Ensayista. Cumplió su labor en el período comprendido entre los años 1986 a 1988.

Elvira Macht de Vera

Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Profesora Asociada en la Universidad Central de Venezuela. Poeta. Ensayista. Crítica literaria. Profesora de Planta de la Maestría en Literatura Venezolana del Instituto de Investigaciones Literarias UCV. Ejerció su labor en período comprendido entre los meses de julio a diciembre de 1988.

Pilar Almoina de Carrera

Licenciada en Letras, UCV. Profesora Titular, UCV. Especialista en el análisis de textos literarios de la tradición oral venezolana. Articulista. Ensayista. Folclorista. Antóloga. Desde 1989 se desempeñó como coordinadora de la Maestría en Literatura Venezolana de la Facultad de Humanidades y Educación UCV y fue profesora de Planta de la misma Maestría. Cumplió su labor en el período comprendido entre los años 1989-1993.

José Balza

Licenciado en Psicología, UCV. Doctor honoris causa, UCV. Profesor Asociado, UCV. Cuentista. Novelista. Ensayista. Conferencista. Profesor invitado en universidades de California, México, Moscú, Nápoles y Buenos Aires, entre otras. En 1991 recibió el Premio Nacional de Literatura. Cumplió su labor en el período comprendido entre los años 1993 y 1997.

Armando Navarro

Licenciado en Psicología, UCV. Profesor Asistente, UCV. Especialista en Literatura Venezolana. Ensayista. Antólogo. Crítico literario. Es el séptimo director del Instituto de Investigaciones Literarias de la Universidad Central de Venezuela, cumplió su cargo como director a partir del mes de marzo de 1997- hasta abril de 2006.

María Eugenia Martínez-P

Licenciada en Letras, UCV. Ms. en Lingüística, UCV. Profesor Asociado, UCV. Profesora de la Maestría en Literatura Venezolana del Instituto de Investigaciones Literarias UCV. Lexicógrafa. Analista del discurso. Critico literario. Está a cargo de la Dirección desde abril de 2006.

lunes, 28 de abril de 2014

24 notas sobre crítica, de José Balza



"24 notas sobre crítica" es un texto incluido en Ensayos de humo (2013), 
publicado por Editorial Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar

miércoles, 5 de febrero de 2014

Reseña de Viviana y otras historias del cuerpo (2006)


por Antonietta Alario
texto original para nuestra revista 
Investigaciones Literarias
Nº 15, V. I/II, 2007








En la obra reseñada, como su título lo anuncia, el lector encontrará una serie de relatos en los que prevalece la temática del cuerpo en sus diversas acepciones. Se trata del cuerpo como símbolo erótico, pero también como enfermedad, decadencia, cadáver, texto, organismo o institución. La antítesis del cuerpo, el alma o lo fantasmagórico también se encuentra presente. Ambos, cuerpo y alma, componen los temas que van de las evocaciones de la niñez y adolescencia a lo erótico, lo fantástico y hasta lo académico. La estructura narrativa se concibe como un material armónico que sobrepasa los límites del universo semántico de esta obra particular, para convertirse en tópicos que se repiten constantemente en sus últimos volúmenes de cuentos publicados. Tal como lo expresa el autor en una entrevista para la revista Ateneo: “pertenecen todos a un solo libro, a un ciclo que ha ido apareciendo por entregas. Se trata de una estructura abierta que retrata la experiencia vital en los mismos términos de apertura con que ella se nos presenta” (Gomes, 2007: 18). 
El texto esta compuesto por doce cuentos. Dos de ellos, “Mineta” y “La montaña rusa”, fueron publicados anterior-mente en el libro De fantasmas y destierros (2003). El cuerpo como decadencia, deterioro y enfermedad del padre mori-bundo, en una noche fría de un hospital de New Haven, es el punto de partida del relato “Mineta”. Bajo este contexto desolador, los sentimientos encontrados sufren su propia batalla y afloran recuerdos de los conflictos entre padre e hijo, ahora superados bajo la com-prensión de un hombre cuya rigidez ha cedido, pero también se revela una burla mordaz, al parodiar y criticar el mundo de las creencias inculcadas. En definitiva, se trata de un texto estratégicamente logrado bajo una estructura circular, en el cual se pretende mostrar las vicisitudes y miserias de las relaciones humanas. De igual forma ésta es la macropropo-sición que sobresale en el cuento “La montaña rusa”. Aquí, se destacan las incidencias de una relación amorosa desde sus pasiones iniciales, embarazo, matrimonio y huída del país por el quiebre de la compañía, hasta la tediosa convivencia y el maltrato añadido. La actitud de un hombre, Eugenio, que cobra a diestra y siniestra su frustra-ción y amargura, va sufriendo una trasformación “milagrosa” para Yajaira y su pequeña hija. Y al igual que como ocurre en la realidad surge la paradoja. Lo que se proyectaba hacia un happy end se transforma en una desgraciada tragedia por la muerte de su hija en el “Circo de los hermanos Frías y Cía”, revés que trunca cualquier posibilidad de salvación. Otro aspecto relevante a lo largo del relato que se conecta perfecta-mente con los sucesos que se van desarrollando en la trama es una abierta crítica social y política. Del arribismo y oportu-nismo de adecos y copeyanos de la cuarta república, se pasa a la ignorancia, corruptela y patriotismo enfermizo de la quinta. Asimismo, la crítica emi-tida contra el gobierno de Chávez es notoria también en “Bolívar Tango y Alberto”. Mientras se desarrolla la trama de un triángulo amoroso: Lolita, Alberto y Gina, en el clímax del conflicto, Alberto asiste a una marcha en Chuao y drena su doble malestar. Se hace evidente la recreación de los sucesos del 11 al 14 de abril vividos en Venezuela en el año 2002.
Las manifestaciones del cuerpo en sus necesidades carnales y sus complejas individualidades se ven perfecta-mente ejecutadas en los romances, deseos y sueños de los personajes que conforman el mundo narrativo de este libro. Pero son personajes que trascienden los límites del texto pues reapare-cen, con situaciones y realidades cambiantes, de un relato a otro, tal vez con el propósito de configurar entidades cuya naturaleza sobre-pase el universo ficcional de los propios cuentos. Eugenio, Yoma-lia, Alberto, Jesús, Xavier, Mike, Consol, Paula, Ramiro, Viviana, por mencionar algunos de ellos, son personajes con vivencias y realidades muy cercanas a nosotros, aun fuera del ámbito narrativo en el que se desarrollan. El drama de Ramiro, que sufre de una "escasez de suministros” (es decir, sexo) por la gravidez (durante 9 meses) y luego la cuarentena postnatal de su mujer María de Lourdes, se vislumbra por momentos como la trama central de “Arte y sexualidad en la cultura Occidental”, desarrollada además con un excelente humor. No obstante, la compleja y rígida personalidad de Ramiro, un hombre excesivamente escrupulo-so tanto en su ámbito laboral al fungir como corrector de Ediciones Casal, como en lo personal, para quien se atenta contra la fidelidad incluso con la masturbación, otorga al cuento una atmósfera delirante que propicia un final insospechado. El fiel y perfeccio-nista quien sobrellevó por dos días una erección es llamado por Paula, la traductora argentina, para aclarar una duda porque había conseguido un error en el libro que él había corregido y entregado a la imprenta. “En la página cincuenta y uno se mencionan figurillas grecorromanas que representaban a Priapo. Se explica que encima del falo a veces le colgaban ofrendas de frutas [...] En el paréntesis el número de la ilustración es el once. Miré en esa página, y miré en todo el libro, pero la ilustración no aparece [...]” (p. 66). Así, la trivialidad de una anécdota se recrea con este juego de ficción en donde la realidad es constantemente sometida a prueba.
La traductora argentina Paula reaparece en “Lazame”, no como una continuidad del personaje de “Arte y sexualidad en la cultura Occidental” sino construyendo con sus vicisitudes y relaciones una nueva estación de la vida humana. Al inicio del relato el narrador- personaje, Mike, anuncia que nos va a contar una historia de amor, luego creemos entender que es la historia de su mejor amigo Xavier, quien mantiene una relación extramatrimonial con Paula, a quien conoce cuando acompaña a su esposa Consol al curso de Lazame o parto sin dolor. Al final del relato, sin indicios previos que apuntasen a tal desenlace -y allí radica la admirable hechura narrativa de Gomes entendemos que no sólo y principalmente se trata de la historia de Xavier, sino que el narrador nos está contando su propia historia de amor, que se divide entre el sincero afecto por su amigo y la niña que había tenido con Consol, la esposa de su mejor amigo. Cualquier semejanza con la realidad no es mera coin-cidencia.
Otro tema relevante también por la recurrencia con la que se presenta en sus textos es el del propio quehacer literario. El autor ha sabido utilizar el drama del escritor como fuente misma de su creación. Aquí podríamos agrupar a relatos como “New York, New York”, “Los mejores relatos pornográficos de mi pluma (de hecho, el único)”, “El silencio de la noche” y “Poeta fantasma”. En todos, el tema de la incertidumbre y angustia del escritor ante las páginas en blanco sobresale entre otras imbricaciones circunstanciales de la vida. Mientras ésta, por ejemplo, consiste en una sucesión de días que se repiten uno tras otro, enmarcados en el dolor de una separación y el agobio de tener que socializar sin el mayor interés en hacerlo. Sólo el alcohol sirve de refugio, y la escritura, que aunque implica cierto sufrimiento, es la única que puede aliviar la desdicha de los patéticos días del narrador-protagonista de “New York, New York”. O, por el contrario, cuando se vive feliz y en paz, con un trabajo estable, un hogar y una familia, además, se tiene como mejor amigo a su jefe, con quien puede compartir el gusto por la literatura, la música y la pintura porque ambos se graduaron de lo mismo en la universidad, como le ocurre al narrador protagonista de “El silencio de la noche”. No obstante, aun cuando pareciera tenerlo todo, se siente incom­pleto e insatisfecho ante una extraña nostalgia por lo que pudo escribir y no escribió, por el cuadro que no pintó, por la música que no compuso. Así, compara su vida con el suplicio de Tántalo. Se reproduce en la trama la hermosa pero terrible paradoja de tenerlo todo y sentir que no se tiene nada.
En este relato, como en otros, lo metaliterario sirve como un recurso estructural ingeniosa-mente usado para marcar de manera explícita las dos partes en que está conformado el cuento.
 Es hora de que llegue a lo que me proponía relatar, porque por algo estoy escribiendo un cuento. La anécdota es simple pero doble. En su primera parte ocurre lo que he anotado hasta aquí (...). La otra porción, pese a haber transcurrido en el exterior, resultó menos agitada (p. 180).
  
 Se muestran los sentimientos encontrados, fascinación, envidia, odio y, a la vez, frustración, que siente el narrador-protagonista al ver la energía con la que un hombre solitario escribe absorto de todas las circunstancias que lo rodean, en el café de un aeropuerto, mientras que él "pujaba para que me salieran las frases y, en seguida, llegaba a la conclusión de que eran incomprensibles” (p. 187).
   En definitiva considero que los relatos de Gomes se caracterizan por un efectivo acoplamiento en donde cada detalle textual, estructural y contextual es cuida-dosamente puesto en funciona-miento en el entramado narrativo. En él se recrean, de manera excelente, las diversas incidencias existenciales, sexuales, sociales, políticas e intelectuales, entre otras, por las que puede pasar el ser humano. Representado éste, en los textos, mediante una multiplicidad de personajes heterogéneos cuyos roles varían de empleados de una editorial, a empresarios, traductores, escrito-res y profesores; cuyos cuerpos, en algunos casos con sus res-pectivas conciencia-fantasmas incluidas, interactúan y confluyen en el mismo relato y de un relato a otro. El humor es otro recurso muy bien usado por Gomes cuando se evocan hechos de la infancia, invocan fantasmas serios y otros no tan solemnes, se presenta la diversidad y complejidad de las relaciones de pareja (matrimonia-les y extramatrimoniales, homose-xuales y bisexuales), se reproduce el proceso de escritura y se muestra el mundo académico venezolano y el norteamericano.                                                                                                                Por último, la estratégica selección del material que actúa como intertexto literario, musical, cinematográfico, artístico y hasta político, configurando un universo narrativo bastante complejo, es una verdadera apuesta a la inteligencia del lector.  

 
Referencias bibliográficas
Barroso García, N. (2007). “Evoco los placeres terribles.” Entrevista a Miguel Gomes. En Ateneo 27, 16-20.

lunes, 27 de enero de 2014

Historia y crítica de la novela venezolana del siglo XIX






Gustavo Luis Carrera (prólogo): 
“Estas líneas preceden a un libro que se afirma sobre dos momentos fundamentales en el estudio de la novela venezolana del siglo XIX. El primero de ellos corresponde a 1906, año de la publicación del primer tratado sistemático referido a la materia: La literatura venezolana en el siglo XIX, de Picón Febres, el viejo maestro merideño sentó unas bases indispensables, de consulta obligada para todo investigador, a través de una lectura cuidadosa de los textos y de una consideración crítica activa, apasionada a veces, pero siempre evidente utilidad. El segundo momento se sitúa en 1963, con la aparición de la Bibliografía de la novela venezolana, con pie editorial del Centro de Estudios Literarios (actualmente Instituto de Investigaciones Literarias) de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela, coordinado por el propio Osvaldo Larrazábal Henríquez y por Gustavo Luis Carrera. Esta bibliografía vino a decir por primera vez qué se había publicado como novela en el país. (…). La parte más relativa al siglo XIX fue la más exigente y compleja, dejándonos, siempre, la sensación de tarea por completar. Precisamos entonces la existencia de 48 novelas publicadas en el período, e identificamos autores y seudónimos discutidos. Allí prendió el empeño de Larrazábal Henríquez  de estudiar, en forma detenida y profundizadora, nuestra novelística decimonónica”


Larrazábal Henríquez y Picón Febres quizá sean los dos únicos venezolanos en haberse leído las 48 obras que en este libro se analizan


“Introducción” de Larrázabal Henríquez
"Realmente la novelística venezolana ha sido poco estudiada y poco conocida y quizás por ello sea tan menospreciada. Solamente a partir de cierto comento de exaltación colectiva, fue difundida y aceptada como representativa de una realidad nacional y de una idiosincrasia determinada" (1980: 13)

“Este libro quiere lograr el hacer despertar la conciencia de nuestros críticos e investigadores, hacia un campo material que si bien no constituye un conjunto de calidad uniforme, sí representa una realidad histórica incontrovertible, digna de rescate” (1980: 13)

“Insistimos, porque la conocemos a cabalidad, en que la novelística del siglo XIX no ofrece una calidad uniforme y quizá en el recuento valorativo predomine lo negativo sobre lo positivo; pero ello no debe desviarnos del objetivo del interés de la investigación y de la crítica” (1980: 14)
“Quizá lo que mayormente llamó nuestra atención, fue la desproporción que hay entre los estudios realizados sobre esa novelística y la realidad cuantitativa que ella comporta. Realmente es desalentador el panorama en este sentido. Son muchos los críticos venezolanos que se han dedicado a su conocimiento, pero sus esfuerzos siempre se centraron en los mismos títulos que ahora son conocidos y que constituyen el material que al respecto maneja. Aparte de las informaciones proporcionadas por Gonzalo Picón Febres (1906) y Angel Mancera Galletti en Quiénes narran y cuentan en Venezuela, que sí agrupan un número considerable de novelas y de autores, todas las demás se reducen a repetirse unas con las otras y a no reconocer más de diez o quince títulos, siempre los mismos” (1980: 14)
 
“De acuerdo a lo que fuimos encontrando como material interesante, produjimos grupos tentativos, proponiéndonos constituir cuerpos afines donde el punto de vista temático contribuyera en la orientación propuesta” (1980: 15)

miércoles, 22 de enero de 2014

Otra memoria del horror: el asesinato de Guido Méndez Arellano




Escuela de Letras UCV






Por alguna razón estaban libres. Eran unos maleantes con varias y demostradas atrocidades en su prontuario. Y sin embargo estaban libres. Estaban absurdamente libres y buscando muerte fácil, víctimas no peligrosas. Así, máquinas de odio, llegaron a Casalta y asesinaron con ferocidad bestial, acribillaron es la palabra justa, a Guido Méndez Arellano y a su madre. ¿Para robarles qué?  Máquinas de odio, decíamos. El mal por el mal.
Los profesores de la Escuela de Letras de la UCV han perdido a un estudiante ejemplar, la Universidad Pedagógica Experimental Libertador a un gran profesor, los estudiantes a un compañero siempre solidario, muchos más a un amigo, todos a un buen hombre y a su madre. Con sangre y descomunal vileza se han truncado unas vidas que hubiéramos querido duraderas. No es mucho pedir, para la vida, la duración natural. La duración libre, sin la repentina, trágica, innecesaria, gratuita interrupción.
Durante el paro nacional de universidades del año pasado, Guido fue uno de los estudiantes más solidarios con la situación de los profesores de la Escuela de Letras. Quienes fueron sus compañeros de clase lo recuerdan como un caballero, siempre sonriente, siempre dispuesto. Quienes fueron sus profesores lo mismo. En las clases preguntaba, comentaba y, a ratos, como quien siente que acaso está quitándole tiempo a otros estudiantes, esperaba hasta el final, hasta el rebullicio de pupitres moviéndose y el ansia de café, para hacer algún comentario más, para aclarar una duda, para pedir más referencias. Era un curioso y apasionado de esta segunda carrera que había decidido estudiar.
Con las complicaciones del paro, durante esas semanas difíciles de junio y julio, estudiantes y profesores tuvimos mucha comunicación por correo. Siempre nos sorprendía el remate de los correos de Guido. Junto a su nombre y sus datos de contacto, aparecía una frase que a nosotros, que siempre hemos sido “pesimistas con esperanzas” –como dice J. R. Ribeyro–, nos impactaba enormemente: “Se la persona más optimista que conozcas.” Menos mal, pensábamos, que hay gente así, gente como Guido. Y, lo que son las cosas, Guido, de golpe, no está ya más.
Condenamos la impunidad, el hacerse la vista gorda de este gobierno ante el severo, el gravísimo problema de violencia criminal que vive Venezuela. Las estadísticas son aterradoras: casi 20.000 asesinatos en el 2011, casi 22.000 asesinatos en el 2012, casi 25.000 asesinatos en el 2013 y, si esta escalada sigue el mismo curso sangriento, cada uno puede hacer sus propios cálculos para el 2014. Guido y su madre, en estos horrendos diagramas que configuran nuestro mapa social, son sólo un horrendo caso más.
Sangre y nada. Más sangre y más nada. Cuando miles de venezolanos sufren la violencia del hampa día a día. Cuando todos tenemos más de un amigo, un familiar, un compañero de trabajo o de estudios al que le han pasado cosas terribles, y cosas más terribles que las terribles. Nada verdadero se vislumbra por parte del gobierno, ninguna estrategia real, ningún hecho efectivo, nada que apoye al ciudadano común, que le asegure protección, una migaja de seguridad y dignidad. A veces, pantomimas. De cuando en cuando, un poco de bulla, de alharaca, de apretones de manos y palabreos sobre proyectos que no pasan de proyectos. Sangre y nada.
Releíamos en estos días algunos textos de la llamada “poesía social” escrita en nuestro país. Textos de Antonio Arráiz, Jacinto Fombona Pachano, Miguel Otero Silva, Pablo Rojas Guardia o Carlos Augusto León. Textos, pues, de la gente de las generaciones del 18 y del 28. Y de la gente de Sardio, Tabla redonda y El techo de la ballena. Testimonios críticos, feroces, dolorosos ante la muerte violenta de un compañero de generación, por ejemplo. Textos de otras “décadas violentas.” Textos sobre los amigos y familiares asesinados durante el régimen gomecista. Sobre los amigos y familiares asesinados durante el perezjimenismo. Sobre los amigos y familiares asesinados en la guerrilla de los años sesenta y setenta. Y así… Textos que, por la forma en que estaban escritos, por lo que en ellos se articulaba, parecían tener quien los oyera, parecían tener interlocutores y, así, sentido. Textos que parecieran tener la certeza de un oído, de que a alguien incomodarán, de que el reclamo será escuchado y la indignación mínimamente reparada, que serán tomadas algunas acciones para evitar que se repita la desgracia. Textos que inquietarán y agitarán al Estado.
Hoy no sólo el motivo de la queja o el reclamo es larga y hondamente más grave. Hoy también hemos perdido un oído posible, atención, solidaridad, acciones. Estas líneas irán –como tantas otras quejas, tantos otros gritos desesperados de tanta otra gente– a ninguna parte. Y la violencia criminal nos seguirá devorando. Porque textos de este tipo se han convertido en nada. En la costura de una serie de lugares comunes. La violencia es nuestro lugar común. Hablar de la violencia es palabreo, balbuceo en el aire. Palabra que pasa, que vuela y se va. Es el problema con los lugares comunes: pierden el sentido, no llegan, son nada.
Una tristeza enorme, este país. Una verdadera tristeza. Aunque nos aseguren que ya algunos de los asesinos de Guido y su madre han sido detenidos, Guido y su madre igual ya no están. Y deberían estar. Y no están. Tristeza, vergüenza, impotencia. Lugares comunes que son verdades.
Guido Méndez no será olvidado. Su memoria permanecerá con nosotros. Su partida trágica, absurda, innecesaria, y los hechos sangrientos, una vez más, ante los que el gobierno venezolano nada hace, quedarán como una marca perpetua de vergüenza entre nosotros. Y todos, toda la vida que nos queda, tendremos que lidiar con eso.